Todos no sentimos furiosos en algún momento. La ira es una respuesta normal del ser humano cuando se siente amenazado o frustrado. No obstante, si no se controla bien, puede convertirse en un problema y poner en peligro tu carrera, tus relaciones y todos los aspectos de tu vida.
Para controlar una ira excesiva, debes aprender a expresar tus sentimientos de manera más saludable, de modo que la ira se convierta en una reacción útil y controlada a las frustraciones cotidianas.
La ira es un estado emocional de intensidad variable, desde una ligera irritación hasta una furia violenta. Al igual que otras emociones, se acompaña de cambios corporales, como un aumento de los niveles de adrenalina y la aceleración de los latidos del corazón.
Algunas personas son capaces de expresar su ira de forma controlada y constructiva, mientras que otras ‘explotan’ de modo agresivo e incontrolado, bien sea de inmediato o tras la acumulación de muchos sentimientos. El resultado puede ser una conducta intimidante, violenta o amedrentadora que pone en peligro a otras personas. La ira puede incluso culminar en autolesiones.
Si crees que tu ira está fuera de control y que está afectando a tus relaciones y a tu calidad de vida, puedes mejorar cambiando el modo en que controlas tu sentimientos de ira.
Intenta expresar los sentimientos de enfado con seguridad, utilizando palabras lógicas y tranquilas, en vez de recurrir a la violencia.
2. Ayúdate
Existen varias formas de controlar la ira. Debes hacer frente a tus sentimientos de ira y buscar un modo mejor de expresarte. Para algunas personas resulta útil comprender porqué se ponen tan furiosas. 3. Tranquilízate
Si sientes que te estás enfadando, no permitas que se acumule la ira hasta explotar de forma violenta. Procura respirar profundamente desde el diafragma con respiraciones largas y lentas, para que el corazón pueda latir más despacio. Mientras respiras, imagina un fuerte núcleo en tu interior. Repítete palabras como ‘tranquilo’ o ‘relájate’ mientras respiras.
Después, concédete tiempo para pensar. En caso necesario, sal de la situación y busca a alguien para hablar de ello, lo que te ayudará a calmarte. Intenta pensar de forma lógica en la causa de tu ira. Piensa si se trata de un malentendido y si realmente estás enfadado por este motivo o por otro distinto, como algún problema económico o personal. 4. Aprende a expresarte con calma
Intenta expresar los sentimientos de enfado con seguridad, utilizando palabras lógicas y tranquilas, en vez de recurrir a la violencia.
Si tienes una discusión acalorada, o temes que se produzca, recuerda lo siguiente:
Habla más despacio: piensa cuidadosamente lo que quieres decir.
Procura pensar qué hay detrás de tu ira.
Expresa con claridad lo que quieres y cómo puedes conseguirlo. Intenta utilizar frases como “estoy enfadado contigo porque...”
Escucha atentamente a la otra persona; no olvides que todo el mundo tiene derecho a tener su propia opinión.
Mantén la calma pese a tu enfado y al de la otra persona.
Quizá te sientas ofendido porque te están criticando. Procura no desconcertarte y sigue adelante.
Ten paciencia y formula preguntas para llegar al meollo del problema.
Intenta mostrarte seguro de ti mismo, en lugar de sarcástico o agresivo.
5. Comprende tu ira
Las personas enfadadas y agresivas deben asumir la responsabilidad de sus acciones; no sirve de ayuda culpar a los demás. No obstante, recordar el pasado puede ayudarte a comprender porqué te comportas con ira. Por ejemplo, si tus padres o algún familiar con influencia fueron un mal ejemplo y tendían a resolver los conflictos con agresividad, es posible que no hayas aprendido a controlar la ira de modo constructivo. Piensa en los patrones de ira que has aprendido y en cómo puedes cambiarlos. 6. Cambia tu estilo de vida
Algunos aspectos de nuestro estilo de vida pueden empeorar los sentimientos de ira. Basta con introducir unos pequeños cambios para obtener grandes beneficios:
·El ejercicio físico practicado de manera habitual te ayudará a evitar que la tensión se acumule y te permitirá alejarte un tiempo de las tensiones cotidianas.
·Los ejercicios de relajación, como el yoga y la meditación, son útiles para liberar tensión de forma sana y controlada.
·Si bebes alcohol, procura no superar el consumo diario recomendado de 2-3 unidades para las mujeres o de 3-4 para los varones. El alcohol reduce tus inhibiciones, lo que puede desencadenar una conducta violenta.
·Modifica tu entorno: busca alternativas a las situaciones que te causan estrés y déjate tiempo libre para relajarte y desconectar.
·Aprende a expresar tus sentimientos, ya sea hablando con un amigo o desahogándote de otras maneras, por ejemplo, de forma creativa a través de la pintura o la escritura.
7. Busca ayuda si tienes un problema a causa de tu ira
Algunas personas necesitan más ayuda para solucionar su problema. Los servicios profesionales podrán ayudarte a controlar mejor tu ira. 8. Ejercicios de reafirmación personal
Los ejercicios de reafirmación personal enseñan a expresar los sentimientos y las necesidades con calma y consideración, respetando a los demás. Resultan útiles cuando el problema implica una dificultad para expresar la ira de modo constructivo. Procura no elegir libros ni cursillos centrados en enseñar a las personas tímidas a utilizar su ira. Tu problema es muy distinto. 9. Asistencia psicológica
La asistencia psicológica puede ayudarte a estudiar los pensamientos y las conductas que se asocian a tu ira. Existen varios tipos de asistencia psicológica: es conveniente que digas al posible asistente que quieres aprender a controlar tu ira y que le preguntes los métodos que emplea. 10. Programa para controlar la ira
Existen programas más especializados, diseñados para personas que han tenido un episodio violento aislado o que han sido violentas en el pasado y ahora se sienten capaces de cambiar. Algunos son cursillos de un día o un fin de semana, y otros duran hasta ocho semanas.
Constan de sesiones individuales y de trabajo en grupo. En general, los participantes aprenden reglas para controlar la ira, estudian los sentimientos y aprenden a expresar su ira con seguridad y de forma sana. Consulta con tu médico de cabecera. 11. Conclusión
No puedes eliminar la ira de tu vida. Más tarde o más temprano, te encontrarás en una situación que despierte tu ira. La clave para hacerle frente es asumir la responsabilidad de tus propias reacciones y de tu conducta afrontando los sentimientos de ira con nuevos mecanismos y respuestas de control.
La menopausia es una fase muy importante que representa un ajuste biológico a muchos niveles, y llega a ser muy variable en algunas mujeres. Los síntomas de la menopausia pueden afectar significativamente la calidad de vida, y en las mujeres con cáncer de mama esta fase de ajuste puede verse exacerbada y prolongada cuando se utiliza terapia antiestrogénica para combatir el cáncer.
La homeopatía es una de las medicinas complementarias y alternativas que utilizan las mujeres para aliviar los síntomas que supone esta fase de transición. El tratamiento individualizado por un homeópata se considera el patrón oro (gold standard) de la atención homeopática, y representa una intervención compleja, que implica dilucidar qué remedio homeopático es el más adecuado para una mujer que presenta síntomas entre los que se incluyen los sofocos, los problemas del sueño y del estado de ánimo, los dolores articulares y la fatiga (1).
Autor:
Thompson EA. F Alternative and complementary therapies for the menopause: A homeopathic approach. Maturitas (2010)
Link al artículo original (en inglés, requiere subscripción):
En el artículo que comentamos se describe la prestación de la atención homeopática en el Reino Unido como parte de un enfoque integrado para abordar un conjunto de síntomas difíciles de tratar. Por otra parte, se revisan los datos disponibles de estudios observacionales y ensayos clínicos aleatorizados en este contexto clínico.
Entre el 30% y el 70% de las mujeres experimenta síntomas vasomotores como los sofocos y los sudores nocturnos durante la menopausia (2), y en el 20-25% de las mujeres estos síntomas (además de la fatiga y alteraciones del ánimo) pueden persistir durante al menos 5 años. Algunos estudios confirman que los sofocos pueden llegar a comenzar a una edad más temprana, y pueden ocurrir con mayor frecuencia e intensidad en comparación con los sofocos asociados a la menopausia normal (3).
El control alopático de los síntomas menopáusicos se basa en el tratamiento hormonal, pero existen también otros tratamientos no hormonales, así como las terapias complementarias, que suponen una alternativa dados los efectos secundarios (4). La homeopatía ha estado disponible en el Reino Unido desde 1948 como parte del programa de salud proporcionado por la Seguridad Social británica (National Health Service; NHS). Así, el NHS es un marco sanitario basado en un enfoque integrado, que ofrece una gama de opciones de tratamiento convencionales y complementarias.
Historia de un caso clínico real
DG acudió a la consulta en octubre de 2007, a la edad de 54 años. Había sido diagnosticada en 1989 de carcinoma ductal in situ de la mama derecha cuando se sometió a una mastectomía con reconstrucción. En 1997 se sometió a una histerectomía total y salpingooforectomía bilateral, tras la cual desarrolló sofocos severos y fatiga. Se le prescribió THS (terapia hormonal sustitutiva), pero posteriormente se encontró otra lesión en la mama izquierda y se le extirpó un carcinoma ductal de grado 1 sin afectación de ganglios linfáticos. DG era muy reacia a dejar la THS. En el momento de la visita, la paciente presentaba importantes sudores nocturnos que le provocaban fatiga. Por lo que respecta a los sofocos, ella los describía de la siguiente forma: “No son muy agradables, son principalmente por la noche, es como ir a la cama con una manta eléctrica toda la noche…. me ruborizo por completo, me pongo toda colorada, no me siento cómoda, es como una sensación de ahogo…”. La paciente tenía la impresión de que los demás se daban cuenta cuando ella se ponía colorada, y los sofocos mermaban de forma significativa su propia autoestima. Por otra parte, ella se autodefinía como una persona ansiosa e insegura (“tardé mucho tiempo en aprender a conducir… cuando me equivoco, todo el mundo me mira… siempre tengo miedo de hacer las cosas mal”). Cuando se le preguntó “¿Qué se siente cuando todo el mundo te está mirando?”, ella contestó "Pierdo la confianza, me ruborizo todavía más y empiezo a sudar, pienso que todos se dan cuenta”. DG es la segunda de 5 hermanos. “Mi hermana mayor siempre lo hacía todo bien era muy inteligente”.
La prescripción inicial fue Natrum carbonicum 200c, tres dosis con 12 horas de diferencia entre ellas. En la revisión a las 6 semanas, la paciente comentó "me siento avergonzada, pero han empezado a destaparse multitud de cosas… ya no me ahogo tanto por la noche, no es tan malo, aunque aún lo paso mal por las noches…”. Así que con Natrum carbonicum hubo ciertos cambios iniciales y el trébol rojo parece haber ayudado un poco. Por lo tanto, se decidió cambiar a Calcarea Silicata 200c, tres dosis espaciadas 12 h. Al no producirse cambios en las semanas posteriores, se prescribió Calcarea Sulphurica 200c. Al cabo de unos días, la paciente llamó por teléfono para decir que el remedio había sido un éxito y que se sentía mucho mejor. Al cabo de unos meses, en junio de 2008, vino a una revisión. Los sofocos se habían reducido de forma importante, así como la fatiga. La confianza había mejorado también, y se propuso repetir la Calcarea Sulphurica, tres dosis espaciadas 12 h, cuando fuera necesario.
La Calcarea Sulphurica (el elemento mineral del azufre) es un remedio de uso frecuente en el climaterio, ya que se asocia con calor corporal, particularmente en los pies, que conduce a destaparse por la noche. Uno de los síntomas guía de Calcarea Sulphurica es "creencia errónea de ser rechazado y criticado por los demás". Por otra parte, a un nivel más profundo, el azufre representa el punto en el desarrollo del yo en que el individuo necesita que se le reconozca y se le acepte. El elemento Calcarea permite que disminuya la timidez y el miedo al fracaso.
En ocasiones la elección de un remedio se realiza a través del conocimiento de la materia médica, como es el caso anterior, o bien través de consejos que podríamos obtener a través del repertorio, como comentamos a continuación. La elección de los síntomas que constituyen el núcleo de la persona y el encontrar los remedios pertinentes es el componente crucial de la homeopatía, y se realiza con ayuda del Repertorio y de la Materia Médica. Ambos están ahora disponibles como software informático.
Por lo que respecta a los posibles efectos secundarios o problemas causados por los remedios homeopáticos, el retraso en el diagnóstico ha sido citado como un daño potencial de la homeopatía (5), pero en un marco integrador como el que hemos comentado anteriormente, esto no debiera suponer ningún problema, ya que los pacientes tendrían acceso a profesionales de diferentes orientaciones y recibirían una evaluación por un medico alopático para confirmar el diagnóstico. Por otra parte, la mayoría de los efectos secundarios del tratamiento homeopático son transitorios y no se consideran verdaderos efectos adversos (6). La denominada agravación homeopática de los síntomas se define como un empeoramiento de los síntomas que produce poco después de tomar el remedio. Dicho empeoramiento suele venir acompañado de una mejoría a nivel más global de los síntomas, o al menos de una vuelta al estado previo antes del agravamiento.
Aunque las revisiones sistemáticas disponibles reflejan la creencia predominante de que los mecanismos en los que se sustenta la homeopatía no son plausibles, la mayoría de las revisiones llevadas a cabo muestran que la homeopatía posee una eficacia superior a los efectos del placebo. Existen, de hecho, algunos estudios realizados con una metodología sólida (ver referencias 7, 8, 9 y 10) que han obtenido resultados positivos a favor de la homeopatía.
REFERENCIAS
E. Daly, A. Gray, D. Barlow, K. McPherson, M. Roche and M. Vessey, Measuring the impact of menopausal symptoms on quality of life, BMJ 307 (October (6908)) (1993), pp. 836–840
Management of the Menopause, The handbook of the British menopause society, BMS Publications Ltd. (2008).
P.A. Canney and M.Q. Hatton, The prevalence of menopausal symptoms in patients treated for breast cancer, Clin Oncol (R Coll Radiol) 6 (5) (1994), pp. 297–299
H. Roberts, Managing the menopause, BMJ 334 (April (7596)) (2007), pp. 736–741.
K.J. Thomas, P. Coleman and J.P. Nicholl, Trends in access to complementary or alternative medicines via primary care in England: 1995–2001 results from a follow-up national survey, Fam Pract 20 (October (5)) (2003), pp. 575–577
M. Kupferer, S.L. Dormire and H. Becker, Complementary and alternative medicine use for vasomotor symptoms among women who have discontinued hormone therapy, J Obstet Gynecol Neonatal Nurs 38 (January (1)) (2009), pp. 50–59.
Kleijnen, P. Knipschild and R.G. ter, Clinical trials of homoeopathy, BMJ 302 (February (6772)) (1991), pp. 316–323.
Linde, M. Scholz, G. Ramirez, N. Clausius, D. Melchart and W.B. Jonas, Impact of study quality on outcome in placebo-controlled trials of homeopathy, J Clin Epidemiol 52 (July (7)) (1999), pp. 631–636.
A. Shang, K. Huwiler-Muntener and L. Nartey et al., Are the clinical effects of homoeopathy placebo effects? Comparative study of placebo-controlled trials of homoeopathy and allopathy, Lancet 366 (August (9487)) (2005), pp. 726–732
R. Ludtke and A.L. Rutten, The conclusions on the effectiveness of homeopathy highly depend on the set of analyzed trials, J Clin Epidemiol 61 (December (12)) (2008), pp. 1197–1204
“La sal del dolor”. Elimina rápidamente calambres y espasmos musculares.
El Magnesium phosphoricum o fosfato de magnesio participa en la formación de huesos, músculos y nervios, tienen la capacidad de disminuir los impulsos nerviosos que conducen a los músculos.
Esta sal es el remedio bioquímico que alivia los calambres y dolores, puesto que disminuye la actividad en los nervios y músculos, tal y cómo hacen las sales naturales de nuestro organismo. La falta de magnesio agrava los calambres y cólicos. El fósforo es esencial en la producción de energía celular.
Es adecuada para:
Ataques de tos, calambres en las piernas, estómago, los vasos sanguíneos (como la migraña), la menstruación dolorosa, los dolores de dientes y de estómago de los niños, asma, espasmos musculares, cólicos, insomnio, sobreexcitación, agitación, pánico escénico, ansiedad derivada de los exámenes y agitación nerviosa. Además reduce los dolores reumáticos.
Ayuda también al tratamiento clínico de dolores graves, calambres, dolor de riñón y vesícula biliar.
Su uso debe ser aconsejado por un profesional competente de dilatada experiencia.
Aunque nadie pueda afirmar con exactitud la influencia de los factores psicológicos en la aparición de un cáncer, es cierto que determinadas situaciones podrían constituir un terreno favorable para la aparición de éste.
Traumatismos violentos, el paro, un divorcio, una ruptura, problemas familiares o profesionales se encuentran a veces, según ciertos psiquiatras y psicólogos, ciertos meses o años antes de que empiece la enfermedad.
La Medicina Psicosomática
La Medicina Psicosomática estudia las consecuencias de los conflictos de carácter psicológico en el cuerpo y la aparición de una enfermedad que se puede derivar de ellos. Tiene en cuenta el estado psicológico de la persona, su entorno familiar, profesional y social.
Para los médicos que practican la medicina psicosomática, el cáncer nunca aparece por azar, la historia personal del paciente interviene en el proceso de la enfermedad . Para estos facultativos, el cáncer es la consecuencia de un conflicto psicológico violento, que no se ha expresado y que se ha vivido la mayor parte del tiempo en la más absoluta soledad.
No expresar sus sufrimientos
No expresar sus sufrimientos podría influir en la aparición de la enfermedad. Numerosas personas, víctimas de traumatismos violentos, o de una crisis por estar en paro por ejemplo y que no han podido llegar a expresar las dificultades y las angustias por las que han pasado durante ese periodo, han desarrollado un cáncer poco después.
Pero cuidado, no todos los que han pasado por estas duras pruebas desarrollan un cáncer.
La depresión
Un estado depresivo puede constituir un factor de riesgo para la aparición de la enfermedad. Las personas afectadas por una depresión crónica desde hace varios años, a menudo tristes y cansadas, pueden tener una probabilidad más alta de desarrollar un cáncer.
Por otra parte, el cáncer puede provocar una depresión: Numerosas personas que están desarrollando la enfermedad presentan una depresión tras el anuncio de un cáncer. Es fundamentalno dejar que esta depresión evolucione y tratarla ya que podría impedir una evolución favorable.
No llegar a mostrar sus debilidades
No llegar a mostrar sus debilidades y no expresar sus emociones reprimiéndolas cuando se presentan las dificultades, puede hacer más frágil el psiquismo y puede permitir la aparición de ciertas manifestaciones o enfermedades como por ejemplo el cáncer.
Personas que nunca expresan sus sentimientos, no los comparten, que no lloran en público frente a situaciones trágicas, como la muerte de un pariente por ejemplo, deberían quizá aceptar una ayuda psicológica.
Comprender la implicación del psiquismo
Hoy en día no existe un consenso que afirme que el estrés favorece la evolución del cáncer . Relacionar la aparición de un cáncer únicamente con las fragilidades psicológicas puede llevar a ciertas personas a interrumpir los tratamientos recomendados y también dejarse llevar por otras personas que los animen a dejar los métodos de la medicina tradicional, cosa que podría tener consecuencias nefastas.
Pero no tener en cuenta la implicación del psiquismo en el desencadenamiento de una enfermedad, sea cual sea, en especial en el cáncer, sería hoy en día un error. Incitar a los enfermos a comprender mejor su funcionamiento psicológico podría contribuir a ayudarlos más. Una ayuda psicológica debería ser propuesta sistemáticamente Esto está siendo cada vez más aceptado por los enfermos.
Hay que remarcar también que el cáncer que aparecea menudo, durante un periodo crítico de la existencia, a la que algunos llaman « la crisis de los 40», entre los 45 y los 60 años de edad, es el que más se da. Es decir, la mayoría de los pacientes afectados por cáncer se encuentran en estas edades.
ATENCIÓN A LAS IDEAS NEGATIVAS QUE CIRCULAN SOBRE EL CÁNCER: El cáncer siempre ha sido considerado como una enfermedad mortal, pero recordemos que los progresos son importantes y que más del 50% de los pacientes se curan. Además, estos progresos siguen aumentando todos los años.
La encuesta sobre las condiciones de vida de los enfermos dos años después del diagnóstico
Esta encuesta, publicada en Marzo del 2008, fue realizada a alrededor de 4.270 personas por la Drees (Dirección de la búsqueda, de los estudios, de la evaluación y de las estadísticas, en Francia)dentro del marco del “Plan cáncer”, con el apoyo de Inserm (Instituto Nacional de Sanidad y de la investigación médica, en Francia). Permite confirmar que el seguimiento psicológico es indispensable para los enfermos afectados por el cáncer. En el momento del diagnóstico, el 11% de las personas encuestadas han recurrido a ese seguimiento y el 18% habría deseado beneficiarse pero no tuvieron esa oportunidad.
La encuesta revela que el momento del diagnóstico es uno de los momentos más intensos de “la relación entre un enfermo y su médico”. Una de cada cinco personas declara que su diagnóstico no le fue comunicado en persona, y una de cada cuatro considera que se lo comunicaron de manera poco apropiada y “muy brusca”. (Fuentes Relax News)
Aceptar la ayuda de un psicólogo para curarse mejor
El carácter angustioso del cáncer afecta al enfermo. A veces puede incluso destruirlo completamente, y provocar profundas conmociones psicológicas. Es una verdadera bomba lo que se estrella contra él: a partir de ese momento tiene que aprender a vivir con la noción de « muerte », la verdadera espada de Damocles sobre su cabeza.
La angustia de la muerte, la mirada de los otros, su conducta equivocada, el miedo que esta enfermedad provoca en ellos, la mala imagen que los enfermos tienen de ellos mismos y la dificultad para hablar del problema hacen más frágil psicológicamente al enfermo.
El apoyo psicológico puede tener un efecto benéfico
Es indispensable para ayudar a atravesar esta dura prueba:
Aceptar el diagnóstico del cáncer
Dominar la enfermedad
Evitar rendirse
Rencontrar la energía para luchar
Aprender a relajarse
Rencontrar la confianza en uno mismo
No dejarse vencer por el estrés, ya que puede agravar la enfermedad y retrasar la curación.
Conseguir expresar las angustias.
Evitar hundirse en una depresión.
No dejar que la enfermedad acapare el centro de su atención y dar amor y afecto a sus parientes, su pareja o sus hijos….
Los celos han sido, desde hace siglos, argumento recurrente y fértil de la literatura aunque constituyan también el germen de demasiados sucesos desgraciados
Podríamos definirlos como un estado emotivo ansioso que padece una persona y que se caracteriza por el miedo ante la posibilidad de perder lo que se posee-tiene, o se considera que se tiene-posee, o se debiera tener-poseer (amor, poder, imagen profesional o social...).
En el ámbito sentimental, el rasgo más acusado de los celos es la desconfianza y sospecha permanentes en el otro que tiñen, y perjudican gravemente, la relación con la persona amada. La mayoría entendemos por celos ese confuso, paralizador y obsesivo sentimiento causado por el temor de que la persona depositaria de nuestro amor prefiera a otra en lugar de a nosotros.
Cuando se muestra en su forma aguda, el origen de los celos hay que buscarlo en situaciones neuróticas o, en general, psicopáticas. Algunos autores creen que el sentimiento de los celos es universal e innato. Linton, por ejemplo, ve una prueba de esta tesis en el hecho de que en las Islas Marquesas, donde la libertad sexual es prácticamente total, los indígenas manifiestan sus celos sólo cuando están ebrios; es decir cuando su control voluntario, su raciocinio, ha disminuido. Por el contrario, otros psicólogos (como O.Klineberg) señalan que este sentimiento es de origen cultural, y que los celos no dependen del deseo o necesidad de goce exclusivo de los favores del otro, sino del "estatuto" social. En las sociedades monogámicas, como la nuestra, y siempre según este autor, el adulterio sólo provoca reacciones celosas en la medida en que origina inseguridad (material o afectiva) o afecta al prestigio y al honor. Son dos teorías relativamente antagónicas, pero como ocurre con frecuencia, perfectamente complementarias.
Podemos pensar por tanto, que cuando nos mostramos celosos experimentamos sensaciones inherentes a nuestra condición de seres humanos y, a la vez, manifestamos un comportamiento adquirido y heredado de nuestra cultura y modus vivendi.
Un sentimiento que puede resultar peligroso
Las personas muy celosas son, frecuentemente, apasionadas, ansiosas, un poco sadomasoquistas y neuróticas, y proyectan en su entorno humano sus propias tendencias a la infidelidad. Buscan con avidez todas las pruebas de su presunto infortunio y se muestran refractarios a los argumentos racionales que les trasmiten las personas cercanas con las que se sinceran.
Los celosos delirantes que se sienten abandonados, menospreciados y burlados, pueden llegar hasta la tragedia de perseguir con odio a su "amor" y no vacilarán en atacarlo. De ahí que este sentimiento de los celos genere tantos problemas, no sólo en la seguridad física de las personas directamente afectadas por casos criminales sino también en el equilibrio emocional de otras muchas cuyo bienestar psicológico se ve amenazado. Cuando en una pareja surge el miedo a la separación, éste se manifiesta en forma de celos, de persecución al cónyuge en su hipotética infidelidad, controlándole y pretendiendo obligarle a que sea fiel. Cuanto más persigue a su pareja con celos, tanto más se siente impulsado el perseguido o perseguida a demostrar su autonomía, esforzándose en alejarse y no dejarse obligar. Y cuanto más lo hace, tanto más busca el celoso o celosa reclamarle como posesión propia y secuestrar su libertad de movimientos y de sentimientos.
El celoso exige entonces a su pareja la descripción pormenorizada de su supuesta aventura y en su mente se mezclan el miedo al ridículo, a estar en boca de todos, el sentir con dolor que la otra persona vale más, la pérdida de autoestima, un deseo morboso de información (circunstancias de la otra relación, quién es, dónde se ven, desde cuándo.....), un desmedido afán de control, un sentimiento de posesión exacerbado, la agresividad para con uno mismo...
Vive la situación como si de una tortura se tratara e incluso con deseos de venganza, que van desde el encerrarse en el silencio hasta el drama que con tanta frecuencia describen las secciones de sucesos de los medios de comunicación.
Los celos no son amor
Los celos, en contra de lo que podría parecer y de lo que sugieren algunas letras de canciones, argumentos literarios o guiones de películas, no siempre son consecuencia de un gran amor, ni indican cuánto se quiere, se necesita o se desea a la otra persona. Y, normalmente, quienes padecen preferentemente estos ataques de celos son personas muy centradas en sí mismas, que sólo se curarán saliendo de su autoencierro. En muchas situaciones de celos hay, más que amor o miedo a la soledad, otras causas: sentimientos de posesión del otro, de necesidad de controlarle, de inseguridad en uno mismo, de envidia hacia la mayor riqueza de la vida emocional del otro...
Un tipo muy especial de celos son los infantiles ("complejo de Caín"), que se manifiestan tras el nacimiento de un nuevo hermano. El niño, antes centro de todas las atenciones, se ve obligado a aceptar que debe compartir con el nuevo miembro de la familia el amor y cuidados de sus padres, muy especialmente de la madre, lo que hace que vea en el recién llegado un usurpador y la malquerencia hacia "el intruso", lo que puede conducirle a volcar su agresividad en su pequeño hermano. Según los psicólogos, no es extraño que incluso el origen de ciertos estados neuróticos que sufren los adultos provenga de secuelas de celos infantiles padecidos hace décadas. Pero los celos no son exclusivos del espacio familiar o sentimental: otro ámbito donde germinan es el mundo laboral.
Los celos afectan con frecuencia a profesionales desconfiados y muy competitivos (en la mala acepción del término), incapaces de trabajar en equipo y que invierten gran parte de su tiempo y energía en los pequeños detalles, no compartiendo información y controlando cuanto ocurre a su alrededor, a fin de que nadie presente un trabajo que pueda ensombrecer el suyo. La vida y valía personal de estos celosos laborales giran en torno a su estatus profesional y mantienen una baja autoestima (disfrazada frecuentemente de autosuficiencia). Y, por supuesto, con esa actitud, evidencian su inseguridad y un déficit de inteligencia emocional, al no responder positiva y equilibradamente a los estímulos del exterior, en este caso, a la competencia de sus compañeros de trabajo.
También pueden surgir los celos en la relación con los amigos ("ese es el más guapo, aquellla es la más lista, ese el que tiene la casa más bonita, este es el que está casado con la que más dinero gana"), pero normalmente no generan tantos problemas ni alcanzan dimesiones dramáticas.
Si nos sentimos celosos de nuestra pareja:
"Los celos son malos consejeros" dice el refrán. No desdeñemos su importancia ni dejemos que se nos cuelen como sentimientos normales o que hasta tienen su encanto, por cuanto trasmiten "lo mucho que le quiero". En la realidad cotidiana, los celos rompen y enturbian las relaciones, y los individuos celosos acaban minando, con su posesividad y persecución asfixiantes, el gozo y el placer del encuentro, el equilibrio en la pareja, que se basa en la ternura, la comprensión, la tolerancia y el respeto a la autonomía del otro. Si en un momento determinado nos sentimos víctimas de un ataque de celos que perjudica nuestro bienestar emocional, actuemos dedicidamente:
Seamos conscientes de que estamos padeciendo los celos sin querernos engañar jugando a progresistas.
Comuniquemos nuestros sentimientos a la persona cuyo comportamiento ha generado los celos, especificándole claramente las conductas que nos hacen sentirnos celosos.
Hablémosle cuanto haga falta, aunque sin someterla a una presión excesiva (y mucho menos aún, recurriendo a amenazas o agresiones físicas), y con ánimo de pedirle que nos ayude a disipar nuestras dudas. Se trata de saber qué ocurre en realidad y de cotejarlo con nuestra percepción, que perfectamente puede ser errónea.
Si se trata de un pensamiento irracional que estamos alimentando, debemos apoyarnos en la realidad y desterrarlo definitivamente. Nos será más fácil si contamos con la ayuda de la otra parte. Pero no olvidemos también es parte afectada, a la que debemos comprender y ayudar.
Revisemos durante un cierto tiempo nuestra actitud ante la otra persona, para comprobar que los celos han desaparecido.
Fortalezcamos el diálogo continuo, la confianza y el contacto amoroso: son los mejores instrumentos para superar el desencuentro y los celos.
Aceptémonos más, confiemos en nosotros mismos y trabajemos la seguridad en nosotros mismos, nuestra autoestima.
Si sufrimos un cuadro agudo de celos o nos vemos incapaces de gestionarlos por nosotros mismos, dirijámosnos cuanto antes a una consulta psicológica.
Y, por último, si hay motivo real para nuestros celos, planteemos con realismo la situación a nuestra pareja. Y armémonos de valor, paciencia y comprensión para superar la situación. Casi todo tiene un final, y el amor también puede tener fecha de caducidad.