AUTOESTIMA

miércoles, 17 de abril de 2013

INCONTINENCIA URINARIA




La incontinencia urinaria
Alrededor de 200 millones de personas en todo el mundo sufren de incontinencia urinaria, pero son muy pocas los que consultan. Esto se presenta, principalmente, por falta de información, por vengüenza o porque se piensa que la incontinencia no es una enfermedad. No obstante, así como se levantó el tabú de la impotencia -en buena parte gracias a Viagra-, ahora se busca abordar con mayor confianza el de la incontinencia, un problema de salud que afecta en gran medida a las personas que atraviesan la tercera edad.
Figura 1
¿Qué es la incontinencia?
El sistema urinario está integrado por los riñones, encargados de filtrar y eliminar el exceso de agua presente en el organismo; los uréteres, que conducen la orina de los riñones hacia la vejiga, y la uretra, que lleva la orina desde la vejiga hacia el exterior. Esta última está rodeada por el esfínter, un músculo que se contrae o se relaja para retener o dejar salir la orina.
La incontinencia urinaria es, entonces, la incapacidad que tiene el esfínter para retener la orina dentro de la vejiga hasta el momento de acudir al sanitario para evacuarla.
Factores generadores de incontinencia
Aun cuando esta alteración puede afectar a hombres y mujeres, son éstas últimas las más afectadas, en virtud de la configuración física del sistema urinario.
En efecto, el hombre cuenta con dos esfínteres musculares propiamente dichos (uno en el cuello de la vejiga -interno- y otro en la base del pene -externo-) que permiten un mayor control de la evacuación. En la mujer, mientras tanto, los músculos de la vejiga actúan como esfínter interno y otro esfínter muscular externo, localizado cerca del extremo inferior de la uretra. Tal estructura puede ceder ante la presión ejercida por la orina misma o ante diversas circunstancias tales como el embarazo, el esfuerzo realizado al momento de reír o de estornudar, y por la debilidad muscular que se presenta en la menopausia.
Figura 2
La obesidad también puede convertirse en factor promotor de la incontinencia, debido al peso que los tejidos grasos ejercen sobre la vejiga y los músculos que controlan la evacuación de la orina.
Este trastorno en el control de los esfínteres también puede darse en las personas que sufren dolencias tales como enfermedad de Alzheimer, cistitis, mal de Parkinson, prostatitis, lesiones de la médula espinal y sífilis. Igual sucede con los medicamentos antidepresivos, ya que debido al relajamiento muscular, el esfínter deja de ejercer eficazmente su función retenedora.
Clases de incontinencia
Existen tres tipos de incontinencia: de urgencia, por esfuerzo y mixta. La primera se caracteriza por hiperactividad de la vejiga, es decir que este órgano se contrae en exceso, ocasionando una urgente necesidad de acudir al baño.
La incontinencia por esfuerzo suele asociarse con el embarazo, el parto, la histerectomía (extirpación del útero) y con la presión ejercida sobre la vejiga por la risa, los estornudos, la tos o la fuerza hecha al levantar un objeto pesado, y suele deberse a debilidad de los esfínteres.
En la incontinencia mixta se combinan las dos anteriores y afecta a las mujeres más que a los hombres, particularmente a las que han tenido hijos, pues, durante el embarazo, el útero ejerce una gran presión sobre los músculos de la pelvis, facilitando su desgarro o ruptura.
¿Qué se puede hacer?
Existen diversas alternativas para manejar o, incluso, curar la incontinencia urinaria. El manejo debe hacerse de acuerdo con los síntomas y el estado de salud de cada paciente.
Para algunas personas basta con dejar de consumir cafeína, alcohol, gaseosas, cítricos y edulcorantes artificiales, que favorecen la eliminación más frecuente de líquidos a través de la orina.
Para otros lo más indicado es acudir varias veces al baño en poco tiempo para evacuar la orina y aumentar, paulatinamente, el lapso entre cada visita al sanitario hasta que la orina pueda ser retenida en la vejiga por varias horas.
Si la incontinencia se debe a debilidad del esfínter, algunos ejercicios favorecen su fortalecimiento: apretar durante pocos segundos los músculos del ano, como si se quisiera evitar el movimiento intestinal (deposición). Luego de un corto período de relajación muscular, se repite la contracción (20 a 30 veces) varias veces al día. Esto da tonificación al músculo esfínter. Si la alteración se da en la menopausia, el reemplazo hormonal de estrógenos puede ofrecer una solución eficaz.
Recientemente se ha optado también por la aplicación de electrodos en la vejiga y el intestino, para estimular los músculos. Además, se ha intentado también con lo que se ha llamado bio-retroalimentación (que podría semejarse a la autosugestión) y que ha dado mejores resultados que algunos medicamentos en mujeres con incontinencia mixta o urgente.
De otro lado, en 1993 se inició, de manera experimental, la aplicación de inyecciones de colágeno alrededor de la uretra y del esfínter, práctica que, hasta ahora, se ha mostrado promisoria.
Cuando ninguno de estos procedimientos ofrece alivio, en especial cuando se trata de casos severos, es posible acudir a la sala de cirugía para colocar un implante –artificial o con tejido muscular del mismo paciente– con el fin de hacer que la uretra permanezca cerrada hasta que la vejiga se llene.
Por supuesto, cualquiera de los procedimientos que se siga debe ser discutido y acordado entre el paciente y el médico. Si ninguna de estas propuestas resulta conveniente para el paciente, quizá sea necesario emplear pañales para adultos. Al fin y al cabo, poco a poco, la incontinencia urinaria ha dejado de ser la enfermedad vergonzante que mantenía a las personas afectadas alejadas de las actividades sociales.
Medicamentos disponibles además del realmete útil que es el tratamiento Homeopático.
Así como los cambios en algunos hábitos resultan efectivos para buen número de los pacientes que consultan por incontinencia urinaria, en otros casos se hace necesario seguir una terapia a base de medicamentos, siempre controlados por el médico. Así, pues, entre la gama de compuestos con que cuentan médicos y pacientes se encuentran:
Anticolinérgicos: indicados para la vejiga hiperactiva, pues reduce la excitabilidad de este órgano.
Propiverina y tolterodina: desarrolladas y puestas en el mercado recientemente, actúan de forma similar a los medicamentos anteriores, pero con mejores perspectivas respecto de los efectos colaterales. Tolterodina ha sido probada con promisorios resultados en numerosos pacientes.
Capsaicina: indicada para vejiga hiperactiva y en pacientes con esclerosis múltiple.
Análogos de capsaicina: actúan sobre las fibras nerviosas y están siendo probados actualmente.
Duloxetina: mejora la función del esfínter y reduce las contracciones de la vejiga.
El tratamiento homeopático además de ser indicado por cada uno de los síntomas es el que ha demostrado que los eventos son cada vez menos frecuentes y menos intensos.
Uno de los medicamentos de uso mas común es CANTHARIS V. y dependiendo de los síntomas el MERCURIO, CAUSTICUM y hasta el ARSENICO A. son de uso frecuente para este problema; siempre atendiendo al paciente y a sus particularidades en cuanto asíntomas, agravaciones y mejorías, gustos, edad, sexo etc. etc. 
Los remedios homeopáticos deben ser aconsejados por un profesional bien formado de
dilatada experiencia.  

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